En todos los ranking de España figura entre los tres pueblitos medievales mas bellos…pude comprobarlo

Cuando planifiqué mi viaje a España, sabía que Albarracín merecía ser visitado, lamentablemente en el circuito que diseñé se me hacía imposible incluirlo, una verdadera lástima. Días antes de partir, conozco a un español que reparte su vida entre Barcelona y Mendoza y él me dijo; “si vas a recorrer España, no podes dejar de visitar Albarracín”.  Modifiqué mi recorrido y sacrifiqué los Pirineos.

Si uno piensa encarar un viaje a Europa en general, conviene ponerse al tanto de los acontecimientos históricos de la región a visitar. Esto hice con Albarracín. Estudié. En general la historia es la historia de las batallas, guerras, traiciones, invasiones, lo cual se comprueba aquí al ver la impresionante muralla que la protege, su fortaleza bereber en el medio del casco histórico, su disposición estratégica sobre una colina, rodeada por el río Guadalaviar, un pueblo creado para defenderse. Este pasado de grandes batallas condicionó mi mirada sobre el pueblo.

Llegué aquí casi de noche, muy poca gente en las callecitas empinadas, es lógico, muy poca gente vive aquí, la mayoría emigraron a las grandes ciudades, sobre todo los jóvenes.

Si no fuera por el alumbrado público que nos sitúa en el siglo XXI, juraría que era un viajero del tiempo que había caído ahí en el 1400 o que era parte de un capítulo de Games of Thrones. Caminé sus callecitas, observé sus murallas iluminadas y busqué un lugar para saciar mi apetito. Encontré el lugar, donde comen los locales, la moza muy amable, centroamericana, buena comida, buen precio, observando a quienes habitaban ese mágico pueblo.

Tengo esa terrible costumbre de despertarme temprano, a veces suma, como en este caso. Saliendo el sol, me dirigí a las murallas, son casi 500 metros de un paredón rocoso de 10 metros de alto por 1 metro de ancho con algunas torres intermedias, Sugieren no caminar sobre ellas por riesgo de caída, me la jugué, tantos habrán muerto a los pies de ella, uno más no hará diferencia. La transité con sumo cuidado, hacía frío, era otoño, los primeros rayos de sol anticipaban una hermosa jornada. Me era imposible dejar de pensar en aquellos que defendían la ciudad desde aquí arriba y los de abajo, los invasores, recibiendo piedrazos, flechazos, balazos y quien sabe que más.

No eran muy descabellados mis pensamientos, celtas, romanos, musulmanes y cristianos, fueron dueños de estas tierras. La fortaleza en el casco histórico es del período musulmán (siglo IX al XI), la muralla externa del periodo cristiano (siglo XV), ellos son testigos de batallas entre musulmanes y cristianos, entre diferentes reinos de España, entre un Albarracín independiente y Castilla y Aragón, en la defensa del invasor francés en el siglo XIX, y entre nacionales y republicanos en la guerra civil española.

.   Bajé las murallas, fui al pueblo, los primeros negocios comenzaban a abrir, una madre llevaba a su hijo a la escuela, otros en busca de un desayuno. Mis pensamientos de guerras, sangre y conquistas dieron paso a otro juego de la imaginación, ¿como sería la vida diaria seiscientos años atrás? , seguramente no muy diferente a la actual, las casas, iguales, la lucha por el sustento diario, idéntico, el amor a los hijos, no creo que haya cambiado, los oficios, seguramente hay muchos nuevos pero otros se mantienen, el panadero, el carpintero, el herrero, el comerciante, el gobernante, casi lo mismo, cómo conquistar un amor, las redes sociales tal vez ayuden pero en el fondo calculo que debe ser igual, la moza centroamericana, una versión moderna de las migraciones históricas en busca de mejores condiciones…

En fin, creo que lo mas interesante en los viajes no es hurgar en las diferencias, sino, en las similitudes…ese de campera azul que me crucé en una de las callecitas, vive a 10000 Km de mi tierra, tal vez sus comidas sean diferentes, su acento, su música, pero seguro que tiene los mismos miedos que yo tengo, ama a sus hijos, vela por ellos, igual que yo, se emociona cuando su equipo gana, putea al vecino que no baja la música a la noche…

Así que me fui de Albarracín con esa sensación, que sus calles, sus casas, sus montañas, sus flores, sus tejados, sus habitantes…eran nuevos para mí…pero no extraños.